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Crónica de su desarrollo y análisis de su trasfondo España fue durante un par de siglos la potencia mundial más prominente del mundo y su dominio

Crónica de su desarrollo y análisis de su trasfondo
España fue durante un par de siglos la potencia mundial más prominente del mundo y su dominio (que comenzó a partir de 1478 con el inicio de la Conquista de las Islas Canarias y marcó la transición de Edad Media al Renacimiento para el Imperio Español) era virtualmente total en casi todos los planos: económico, político, militar, social y cultural; su imperio abarcaba varios millones de kilómetros en cuatro continentes y los tercios españoles imponían la voluntad del rey de España en todo el mundo; sin embargo, ese periodo llego a su fin a partir de, aproximadamente, el año de 1600 y termino en 1900 con la pérdida total del imperio, siglos de derrotas en todas y cada uno de los conflictos bélicos en los cuáles se vio envuelto el país y un desplome económico (con la mezcla letal de inflación y recesión) y demográfico (con pérdida de población y reducción de la tasa de natalidad) de un carácter total.
Introducción
Fue a partir del año 722 que se considera que comenzó la Reconquista, un proceso militar, social e histórico en el cual la población hispánica nativa comenzó a rebelarse contra los colonos musulmanes que habían conquistado la Península Ibérica (con la rebelión de Pelayo en el norte de la misma) y fue en 1492 que este proceso termino con la conquista ultima del último reino musulmán, el Reino de Granada; en este mismo año Cristóbal Colón descubrió América para España, con lo cual dio inicio al establecimiento del Imperio Español y el comienzo de España como una potencia mundial, durante el cual las fuerzas armadas españolas se establecieron como las más profesionales y poderosas de su época: en el mar su punto más alto siendo la batalla de Lepanto y en tierra en la batalla de Ceriñola; en este último enfrentamiento se estableció la táctica militar en tierra por excelencia del periodo dorado de España, los Tercios Españoles (Losada). Estos consistían en organizar la infantería en grupos compuestos por partes iguales de piqueros (para repeler ataques de caballería), arcabuceros (para repeler ataques de infantería) y espadachines (para avanzar y atacar); con las fuerzas armadas organizadas de esta manera, el ejército era esencialmente invulnerable en el campo de batalla y las fuerzas enemigas no podían acercarse físicamente a las líneas españolas, al menos no sin sufrir pérdidas catastróficas.
Este periodo vio no solo el establecimiento del Imperio Español, el cual cubrió más de 20 millones de kilómetros cuadrados en su cúspide y también un crecimiento demográfico enorme con 27 millones y medio de habitantes. Este auge se vio alimentado principalmente por el control de las rutas de comercio principales (entre las Filipinas, América y Europa Occidental), el ingreso de remesas de metales preciosos (principalmente plata, pero también oro, minados en México y Perú) y el control de una fuerza laboral indígena esencialmente inagotable.
Una decadencia anunciada
Naturalmente, el debilitamiento y la decadencia de España no fue un fenómeno que se haya podido haber dado en unos cuantos años o incluso en unas cuantas décadas; las razones directas que desembocaron en esta decadencia se hicieron fácilmente apreciables desde el siglo XVI.
Esto puede resultar extraño a primera vista, incluso contradictorio, dado que, tras un análisis superficial, se podría asumir que el siglo XVI vio el florecimiento y apogeo del Imperio Español: fue en ese periodo histórico cuando las fuerzas españolas conquistaron México y Sudamérica (Contreras Gay). Con estas conquistas, el Imperio Español alcanzo una población de 7 millones de habitantes, lo cual representaría un crecimiento demográfico del 40% para España, además del hecho de que 7 millones de habitantes (Ringrose), para los estándares demográficos del siglo XVI, era una cantidad enorme de habitantes.
Sin embargo, esta época vio el inicio del Renacimiento, y con él, una serie de tremendos avances tecnológicos y científicos; pero España jamás se unió a estos avances y las estructuras económicas del Imperio Español siguieron siendo endebles, basadas en la agricultura artesanal, fabricación artesanal (de productos como cerámicas o textiles) y la explotación de yacimientos de oro y plata de América (García Sanz). Este tipo de modelo económico es más bien parecido al que se encontraría en un reino feudal de poca monta, no en un imperio multi-continental que acababa de descubrir y colonizar un continente nuevo.
Como es posible imaginarse, el ingreso más fuerte para el Imperio Español consistía en la explotación de metales preciosos d e las Indias, y España poco a poco se fue apoyando casi total y exclusivamente en este ingreso, la economía española dependía entonces de la explotación de oro y plata (García Sanz; Elliot, América y el problema de la decadencia española), una receta para una crisis económica y financiera.
A esto hay que sumar el que la producción de comida (agricultura y ganadería) de España era insuficiente para cubrir las demandas de una población que, como ya se menciono, crecía exponencialmente; esto debido a que los agricultores y ganaderos españoles utilizaban casi solamente métodos artesanales primitivos; debido a esto, España debía importar gran parte de la comida que consumía (García Sanz; Olagüe).
Adicionalmente la estructura social española era igual de primitiva en su funcionamiento y principios operativos: gran parte de las remesas de plata y oro eran utilizadas en financiar empresas inútiles como la Santa Inquisición o la persecución de moriscos (musulmanes). En los centros educativos, las carreras relativas a ciencias duras y matemáticas fueron descontinuadas mientras que se asumió un enfoque exclusivo a la teología y humanidades (Olagüe). Esto, aunado a la represión de todo aquel que se opusiera a las enseñanzas de la Iglesia Católica, resulto en una virtual eliminación de la base escolar e intelectual de la nación (Olagüe; Ringrose).
En resumen, la nación española era una fachada imperial y monárquica que cubría una estructura podrida y derruida dispuesta a derrumbarse con una ligera brisa; todas las estructuras sociales, gubernamentales, religiosas y educativas eran defectuosas de origen y contaminaron la nación española, predisponiendo al imperio al fracaso por docenas de generaciones posteriores.
Este periodo dorado vio el surgimiento del primer imperio verdaderamente multi-continental, algo que jamás se había visto hasta ese punto en la historia de la humanidad. A pesar de este impresionante logro, el periodo dorado de España apenas duro poco más de 100 años antes de que señales de la decadencia del Imperio Español comenzará a notarse, lo cual sucedió en 1600, como ya se mencionó anteriormente (Canovas del Castillo; Elliot, La decadencia de España; Contreras Gay; Del Rio).
Durante este periodo, se dieron las guerras de independencia de América Latina, las cuales fueron perdidas por España y que vieron la pérdida de sus principales posesiones imperiales en la forma de 4 virreinatos: Nueva España, Nueva Granada, Perú y Rio de la Plata; no sin antes haber renunciado a Luisiana bajo presión de Napoleón y Florida bajo presión de los Estados Unidos (Canovas del Castillo; Olagüe).
Pero el periodo de decadencia no iba a darse de manera en término corto; lejos de esto, el proceso de decadencia iba a ser prolongado y extendido, como una enfermedad terminal degenerativa y no iba a culminar sino hasta 1899 con la derrota española a manos de las fuerzas estadounidenses, tras lo cual España iba a perder sus últimas posesiones coloniales en América y Asia: Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam (Elliot, América y el problema de la decadencia española; Elliot, La decadencia de España).
Es importante mencionar en este punto que el hecho de que el periodo histórico de la decadencia de España haya culminado en este año, no significa para nada que haya terminado, ya que aún después de este evento se dieron otros desastres, más específicamente: el Desastre de Annual cuando el ejército que pretendía establecer una colonia española en Marruecos fue derrotado por un grupo de guerreros bereberes nativos que contaban con la mitad de efectivos con armamentos primitivos y murieron más de 13,000 soldados españoles (Contreras Gay; Olagüe); más aún, en 1936 comenzaría la Guerra Civil Española que solo terminaría en 1939, tras lo cual comenzaría la brutal dictadura de Francisco Franco que solo terminaría en 1975, año en el cual podemos decir que termina verdaderamente la decadencia de España (Elliot, La decadencia de España).
Conclusiones
El de España fue sin duda uno de los procesos de desintegración y decadencia más marcadas e impresionantes que ha visto la humanidad, aunque no uno de los más rápidos; como el país ibérico paso de ser uno de los imperios multiculturales más extensos que ha visto la humanidad a ser una dictadura de tercer nivel proporciona el contraste más notorio que pueda existir como testimonio de este proceso histórico.
Las razones para este proceso fueron muchas pero podemos enfocar a las siguientes como las de mayor peso: primero que nada, los sistemas legal, jurídico, político y social inherentemente corruptos de los que se hacía uso, que aún viven en esencialmente todas las naciones que fueron colonizadas por España en los cuales los atributos principales consisten en el uso de influencias y amistades, los sobornos, la compra de puestos políticos, la existencia de sinecuras y la pereza a la hora de emprender cualquier empresa y para solucionar cualquier problema. Este parece ser la principal razón de la caída del Imperio Español y es un problema contra el cual aún hoy la sociedad de la nación española lucha. En segundo lugar, existe también el hecho de que España no supo adaptarse a los cambios y avances tecnológicos, culturales, científicos y sociales que se presentaron en el mundo a partir del Renacimiento, por lo cual mientras que la Oficina de Patentes de Estados Unidos se llenaba de toda clase de artilugios e inventos novedosos, en la Universidad Pontificia de la Ciudad de México se debatía a Santo Tomás de Aquino; y por lo cual los Tercios ya mencionados, tan efectivos en sus primeros días, jamás fueron adaptados a las nuevas tácticas, doctrinas y armamentos militares que fueron apareciendo y quedaron como una reliquia anticuada de una época distante, solidificados en una institución monolítica que jamás supo cambiar ni ser actualizada, lo cual condeno a las fuerzas armadas españolas al fracaso.
Adicionalmente, es posible mencionar el hecho de que, a pesar de que los pobladores nativos y mestizos de América constituían la base y la mayor parte de la sociedad del Imperio Español, los españoles peninsulares (es decir, los españoles nacidos en la Península Ibérica) y los españoles criollos (es decir, los españoles no mestizos, nacidos en las colonias pero de padres peninsulares) jamás supieron integrarlos ni convertirlos plenamente en ciudadanos españoles y siempre fueron víctimas del racismo y la discriminación que aún hoy predomina en gran medida en la sociedad española, siendo rechazados como si fueran una especie de mascotas imperiales glorificadas.
En resumen, el proceso de decadencia de España queda solamente ya como un periodo histórico tristemente célebre de la historia española, y no queda más que hacerlo objeto de estudio para que jamás pueda repetirse un proceso similar o análogo, ni en España ni en ninguna otra nación del mundo.

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